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De Villaguay al Mundial de Pedestrismo: Marcelo Migueles, cuatro décadas de perseverancia

junio 23, 2026

BARCELONA, ESPAÑA. Junio de 2026.

Mientras el verano europeo golpea con fuerza gran parte del continente y el Mundial de Fútbol concentra la atención de millones de personas, otra disciplina vuelve a escribir su propia historia en un escenario mundial: el pedestrismo.

Una pasión silenciosa que convoca a los mejores. A aquellos que sostuvieron la constancia cuando parecía que nadie los miraba. A los que siguieron entrenando cuando el único respaldo era el de la familia. A los que pusieron dinero de su propio bolsillo para competir en Concordia, Paraná, Gualeguaychú o cualquier rincón donde hubiera una línea de largada y un sueño por perseguir.

Viajes, estadías, alimentación, inscripciones. Algunos sponsors, pocos pero fieles. Mucho sacrificio y una enorme cuota de fe. Porque detrás de cada competencia siempre hubo algo más grande: ilusiones, objetivos y desafíos que alimentaron una pasión capaz de atravesar décadas.

Y es justamente allí donde aparece el nombre de Marcelo Migueles.

Desde que muchos tienen memoria, Marcelo corría. Ya a mediados de los años noventa competía a nivel provincial, cosechaba medallas y trofeos, y demostraba una determinación que jamás se detuvo.

¿Existe algo más valioso que dedicar cuarenta años a una pasión?

Hay sueños que se abandonan en alguna estación de la vida. Hay pasiones que se diluyen con el tiempo, los cambios y las responsabilidades. Pero también existen personas que permanecen fieles a aquello que aman, sin importar los obstáculos ni el paso de los años.

Marcelo Migueles pertenece a esa categoría.

Desde hace casi cuatro décadas, correr forma parte de su identidad. No como un pasatiempo ni como una moda pasajera, sino como una verdadera forma de vivir.

Generaciones enteras lo vieron entrenar por las calles de Villaguay. Lo vieron salir cuando apenas amanecía, cuando el frío parecía insoportable o cuando el calor hacía imposible cualquier esfuerzo. Lo vieron correr en silencio, sin buscar reconocimiento, simplemente porque su corazón siempre lo llevó hacia el próximo desafío.

Cuarenta años pueden resumirse en una cifra. Pero detrás de ese número hay miles de kilómetros recorridos, cientos de competencias, madrugadas interminables, sacrificios familiares, esfuerzos silenciosos y una voluntad inquebrantable.

Mientras el mundo cambiaba, Marcelo siguió corriendo.

Paso a paso.

Año tras año.

Como quien entiende que la verdadera victoria no siempre consiste en llegar primero, sino en nunca dejar de intentarlo.

Hoy continúa representando con orgullo a Villaguay en cada desafío que emprende. Y su historia ya trasciende lo deportivo.

Porque no se trata solamente de carreras, medallas o resultados.

Se trata de perseverancia.

De amor por lo que se hace.

De fidelidad a un sueño.

Tal vez el tiempo haya dejado algunas canas y algunas marcas en el cuerpo. Pero hay algo que permanece intacto: aquella pasión que nació hace casi cuarenta años y que todavía lo impulsa a mirar el horizonte y salir a correr.

Porque hay personas que practican un deporte.

Y hay otras, como Marcelo Migueles, que convierten una pasión en toda una vida.

Casi cuarenta años corriendo.

Casi cuarenta años demostrando que cuando se ama verdaderamente algo, el tiempo no desgasta la pasión.

La convierte en leyenda.

Alejandro Vertz