
Ante la pregunta de por qué aparece recién quince años después de concretar la compra, Palermo subraya que “yo concurrí en varias oportunidades, pero me fueron pateando la pelota para adelante. Y lo siguen haciendo. La isla está inscripta a mi nombre, no hace dos días sino hace muchos años. La compré a los herederos de La Nasa, tengo la escritura que la muestro a quien quiera verla. En la isla lo que hay es un usurpador, no otra cosa. La isla me la tenían que entregar apenas pagué, y lo hice al contado. No entiendo realmente cómo puede ser posible que esta persona siga en esa isla y yo que soy el dueño no tenga posesión de la misma. De hecho tras salir la nota hasta le pregunté a mi abogado si debía contratar a un profesional de Buenos Aires. Es un caradura esa persona, está en mi isla sin mi permiso. La ley –supuestamente– debería protegerme a mí y mis derechos. Pero bueno, el tiempo no solo pasó sino que sigue pasando y este señor hace lo que quiere”.
“Hay un enredo terrible”, asegura Palermo. “Pero él sabe muy bien de quién es la isla. Le cuento: una vez fui a la isla Caridad y cuando estaba desembarcando se acercó con la intención de cobrarme, como le cobra a todo el que llega a la playa. Simplemente lo miré y bajó la cabeza y se retiró. No es ningún tonto, sabe muy bien que es un usurpador”. “Sé que han pasado los años –dijo– pero ya me cansé; se terminó el tiempo de la paciencia y llegó el momento de resolver esto. Soy el legítimo dueño de toda la isla”. “Hay cosas que realmente no puedo comprender. Tiene una especie de club a cuyos miembros les cobra una cuota mensual y después cuando van vuelve a cobrarles. Hace negocio con todo, trae gente de Colón en lancha. Lo que se me ocurre es que cuenta con el apoyo de un exintendente de Colón, y lo digo porque la última vez que fui lo vi llegando a la isla a visitar al usurpador”.
“Una cosa que me puso realmente mal es que me ensucia, que habla de mi como un pirata o algo así. De ninguna manera se puede comparar con un hombre de trabajo como yo. Ha hecho de todo, hasta hubo un incendio cuyas causas nunca quedaron claras. Es tiempo de terminar con esto y que la isla me sea entregada como legítimo dueño. Además aunque he ido ocasionalmente quien paga los tributos soy yo. En ningún momento estuvo en duda que soy el propietario. Incluso volví a mensurar la isla, que estaba dividida en 182 lotes y ahora es uno solo. Esas cosas las puede hacer solamente el dueño”.
¿Cuál puede ser el futuro de la isla si Palermo obtiene su posesión efectiva?
“Quiero hacer un emprendimiento turístico, con el apoyo de inversores. Incluso con mi empresa me puedo ocupar de las construcciones que se decidan levantar. Pienso en el turismo, pero no en cobrarle a nadie para llegar a la isla o estar en su playa. Hay cosas muy disparatadas. Amparado en no sé qué poder oculto, se mantiene ahí. Es tiempo de terminar con estoy y estoy decidido a ello”, subrayó.











