
Todo comenzó a las 23.30 del domingo, con el inicio del camino hacia la «Superluna de sangre». Poco a poco, la luna llena se fue oscureciendo y, finalmente, mutó de color. El buen tiempo acompañó para apreciar el fenómeno.
Todo comenzó a las 23.30 del domingo, con el inicio del camino hacia la «Superluna de sangre». Poco a poco, la luna llena se fue oscureciendo y, finalmente, mutó de color.
Casi una hora más tarde, a las 0.34 del lunes, el satélite entró en la umbra, el momento de mayor sombra. En realidad, se filtran las longitudes de onda del rojo, que le dan a la luna la tonalidad característica de este fenómeno.
Luego llegó la «totalidad», un período que se prolongó entre las 1.41 y las 2.43. En el medio, a las 2.12, regaló el cuadro más esperado: la luna pintada de rojo. Fue el momento cumbre del eclipse.
Luego, la luna volvió paulatinamente a su vista normal, con la luz en su plenitud. A las 3.50, recobró el color gris con la que se la suele ver desde la Tierra.
Por qué roja
En todos los eclipses lunares totales, el satélite aparece cobrizo. Los llaman a este efecto «Luna de sangre».
Durante un eclipse, los rayos del Sol no impactan directamente sobre la Luna porque la Tierra está en el medio. Estos rayos solares son filtrados por la atmósfera: los rayos rojos se desvían hacia el interior del cono de sombra y, por lo tanto, hacia la Luna, mientras que los azules divergen hacia el exterior.












