
Bety Sosa partió dejando su ejemplo de compromiso,irreparable pérdida para la comunidad de Villaguay. «Gracias a Dios te pudimos homenajear y demostrarte cuanto te queremos, en vida» ponia en su cuenta de Facebook el senador Fuertes
Varias generaciones aprendieron y disfrutaron de tus enseñanzas y buenos ejemplos.
Querida Bety Sosa, estarás presente para siempre en el patrimonio afectivo de los vecinos Departamento Villaguay.
En silencio, para que nadie sienta pena por su partida, aunque es inevitable pensar que su recuerdo no perdurará en el alma de su pueblo, Bety era Pueblo con mayúscula, era compromiso y entrega para quienes la necesitaron y no preguntó a quién sino que se arremangó para ocuparse, más allá de preocuparse.
Desde aquellas inolvidables participaciones en el básquet defendiendo los colores de Huracán, su sonrisa enorme y esa mirada achinada de nostalgia, esas imborrables memorias para su Villaguay entrañables por el que se brindó en cada momento de su vida, tan útil, tan generosa y demostrando que sus manos no se enteraban cual ayudaba a quien.
Niños, jóvenes y ancianos supieron de su creatividad incansable desde los decorados magníficos que hacían a soñar en las carrozas, las iniciativas ciudadanas, siempre con bajo perfil, el teatro que reunió a los jóvenes mayores y los rescató de la quietud hasta la inmortal Payasada, una extraordinaria experiencia que entregó una desbordante alegría a sus copoblanos haciéndolos participar de esa locura que surge en el carnaval.
Sus guiones tan atractivos y atrapantes, su poemas y relatos, su visión de la vida y la plenitud de sus años entregados por sus semejantes, la vieron transcurrir sus días al lado de Doña Manuela, su madre, y su hermano.
Fue ferviente hincha de River y le gustaba hacer bromas, pero sin ofender a nadie y sus conocidos también le acercaban sus chanzas cuando al equipo de sus amores no le iba bien.
Bety tenía esas acciones sorpresa cuando en el año 2016, un 2 de junio, día del bombero se acercó al cuartel y les llevó de regalo una torta, declarándoles su amor.
El hogar de ancianos fue su última estación donde compartió el tiempo con los abuelos y siguió sintiendo el cariño de su gente.
Me dijo alguna vez que hubiese querido tener un hijo, que era un sueño no cumplido, no me dijo la razón pero sus ojos se llenaron de lágrimas.
Beti tenía una empatía que solo las personas bellas de corazón pueden sentir, sufrió mucho por quienes atravesaban momentos difíciles y estuvo al frente de iniciativas que marcaron el corazón de nuestra gente.
Este domingo 29 de marzo, a las 4 de madrugada, cerró sus ojos para no decir adiós.












