
Este 2021, tuvo un primer semestre que “fue de malo a muy malo, con una producción de 6.400 M de unidades, con la variable que el maíz disponible pasó de $16.000 a $23.000 y la soja de $25.000 a $33.000, en un mercado interno -del que depende el 98% de la producción- deprimido, deteriorado, sin consumo y donde el 80% de la matriz productiva (granos, genética, medicamentos veterinarios, genética, nutrición y vitaminas), está dolarizada”.
En cuanto a exportación, también hubo una caída importante en los últimos años, con el agravante que en 2020 el volumen importado de huevo en polvo de Brasil equivalió al 35% del exportado. “Argentina, de 2007 a 2011, fue el primer proveedor de huevo en polvo de la UE. Llegamos a exportar 7,5% de la producción nacional y actualmente no llegamos a vender al exterior 2%, ya que dejamos de ser competitivos en dólares, quitaron los reintegros y hubo retenciones”, explica Prida.
Con la caída de las exportaciones, bajaron los valores en el mercado interno. “Se vendió y la gente se refugió en el huevo, porque hace varios años es la proteína animal más barata. Los huevos salieron el 8 de junio pasado del programa Precios Máximos, que había comenzado el 6 de marzo de 2020 y que tuvo solo un aumento autorizado de 5% en 15 meses. Eso nos complicó mucho porque incluyó todos nuestros productos, menos la caja de cartón de 6 unidades de huevo mediano, que quedó en el programa Precios Cuidados.
En cuanto a los pedidos que la actividad le hace al Gobierno, Prida señaló, entre otros, la necesidad de bajar el IVA al huevo de 21% a 10,5%, lo que ayudará a transparentar el sector y lo pondrá en igualdad de condiciones con las otras proteínas de origen animal, así como de líneas de créditos para financiación de inversiones, que estén presentes en forma permanente y sean ágiles para su concreción.
También, fomentar las exportaciones de huevo procesado y subproductos (en forma líquida o en polvo), para generar valor agregado e ingresos de divisas, así como flexibilizar sus plazos de liquidación, lo que generará mayor competitividad.
E impulsar el asociativismo de productores para instalar, en distintos puntos del país, clústeres de clasificado y empaque para que los pequeños y medianos productores puedan competir internamente y en el exterior con sus productos, generando valor agregado y nuevos puestos de trabajo.











